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Equidad de género

Equidad de género El concepto de género ha dejado de tener un valor de denuncia y reivindicación de los derechos de las mujeres, para apuntar actualmente al concepto de igualdad en el valor del tiempo de los individuos de ambos sexos, no importando que los roles que les asigna la sociedad sean diferentes, sin perjuicio de los derechos de la mujer a ocupar cargos de  conducción  en la sociedad.En cuanto a la atención en salud, la atención a la mujer debe dejar de considerar a esta, solo desde el punto de vista reproductivo, y más bien propiciar una atención integral física, psíquica, social y espiritual.



Un poco de historia y fundamentación teórica:

El concepto de género se utiliza para características socialmente construidas que forman la definición de lo masculino y lo femenino en distintas culturas.  La construcción de género influye a la salud en el control institucional y la sociabilización del mismo. Si bien las normativas legales son homogéneas para ambos sexos, socialmente se presentan diferencias en la aplicación de factores económicos, políticos, grupos étnicos, clases sociales, etc. Los estudios de género no sólo se interesan por lo masculino y lo femenino, sino que se esfuerzan por integrar el concepto de género en una dimensión multicultural y multisocial, ya que es muy diferente cómo se considera la división genérica no sólo en las distintas clases sociales, sino también entre las distintas razas, etnias y orígenes nacionales e históricos, y en función de las diversas opciones sexuales y las nuevas estructuras familiares. Este concepto en los años 60 y 70 tenía un enfoque diferente al que hoy en día se observa en leyes y  teorías. Inicialmente el concepto de género tenía un carácter de denuncia de la opresión de la mujer, pero actualmente se trata de un concepto descriptivo donde se hacen explícitos los roles de la mujer y del varón (feminismo de la igualdad). Fruto de esta última concepción nace la definición de equidad de género, la cual considera que los derechos, responsabilidades y oportunidades de los individuos no se determinan por el hecho de haber nacido hombre o mujer, sino que deben ser equitativos para ambos. La equidad de género busca que los roles asignados actualmente a mujeres y hombres puedan ser iguales. La realidad muestra que esta igualdad no se alcanza porque los miembros masculinos de una sociedad tienden a predominar en posiciones de poder (feminismo autónomo), lo que pone al descubierto la necesidad de organización de las mujeres para transformar estas relaciones desiguales de poder, frente a la cual trabajan principalmente las organizaciones de mujeres. Esta concepción de equidad de género como igualdad tiene origen en occidente y supone una acepción individualista propia de esa realidad pero no se corresponde con la de las mujeres de otros lugares y culturas. En Bolivia, por ejemplo, se puede hablar de un “feminismo comunitario”, el cual plantea que mujeres y hombres de la comunidad constituyen pares complementarios recíprocamente, y que ambos son imprescindibles para el desarrollo de la comunidad. Cuando se habla de par complementario se entiende que uno no puede ir separado del otro y que se entabla entre ellos una relación horizontal de reciprocidad (Paredes, 2008). El feminismo comunitario plantea cinco campos de acción (cuerpo, espacio, tiempo, movimiento, memoria) como forma política de fortalecimiento a las organizaciones de las mujeres. Uno de estos campos, el cuerpo, plantea que para que las mujeres recuperen sus energías y la salud, deben ser consideradas en forma integral y sin separar el alma de lo corpóreo. Por tanto la salud de la mujer no debe centrarse solo en el cuerpo, sino en lo consustancial del mismo. De igual modo, el tercer campo de acción, el tiempo, considera replantear las formas sociales que permitan considerar iguales el valor el tiempo de las mujeres y de los hombres. Hasta ahora el valor del tiempo de las mujeres era estimado de menor importancia que el tiempo de los hombres, sobre todo en relación al cuidado de la salud familiar y la maternidad, dificultando su rol de participación política y compromiso en el diseño de políticas sociales.

El género en el modelo:
Las mujeres deben ser integradas en los modelos de Gestión y Atención de los planes nacionales de cada país. En el modelo de Gestión, la participación de la mujer en los niveles de decisión y en la conformación de los espacios de análisis y reflexión es imprescindible. Para que el modelo sea de carácter integral e intercultural en sus prestaciones a las mujeres se debe considerar su ciclo de vida, su alimentación, su espiritualidad y cosmovisión, así como una salud mental y todo lo relacionado con el espacio socioeconómico, cultural y geográfico, además de la integralidad de las acciones de promoción, prevención, recuperación y rehabilitación.




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